Venid, veamos el lugar que el Señor nos ha preparado, subamos al monte del Señor
Entonces subieron a la montaña
y en su cima construyeron una pequeña casa como su primera casa y aquí, dejando
la primera casa que habían tenido en Florencia, mudaron su hogar.
(Leyenda de origen, 41)
La proximidad de la fiesta de la
Asunción nos lleva a recordar, según la hagiografía tradicional de los
fundadores de la Orden, el día en que un grupo de miembros pertenecientes a la
Sociedad Mayor de Santa María de Florencia determinan llevar una vida de
penitentes en nombre de la Santísima Virgen. Allí se sitúa la entrega del
escapulario a nuestros fundadores.
El relato más antiguo que se
conserva sobre los inicios de nuestra Orden, la Leyenda de Origen, sitúa el
inicio de este movimiento nueve años antes de un gran eclipse solar visible en
Europa, lo que nos da la fecha de 1233.
En torno a esa fecha un grupo de seglares, algunos casados, deciden reunirse
para adoptar una vida de penitencia – en ese momento los penitentes públicos
gozaban de estatus jurídico tanto eclesial como social-. Estos primeros momentos nos son casi del todo
desconocidos y nos movemos en el campo de la hipótesis histórica. La difícil situación política y religiosa de
la sociedad florentina nos puede dar pistas.
La ciudad se había convertido en poco tiempo en el centro de las
discusiones entre el poder imperial y el pontificio, llevando al enfrentamiento
constantes de sus vecinos, pero a la vez había triplicado su población y creado
una moneda muy fuerte, el florín, que servirá como moneda internacional en el
continente.
El documento más antiguo que
recoge la existencia de este grupo “siervos de santa María”, es de 1245, poco antes
de la subida a Monte Senario. Se trata de una escritura notarial que
constata un primitivo grupo, ligado un
tiempo al hospital para indigentes-enfermos-peregrinos de Santa María de Fonte
Viva. Con probabilidad pertenecieron a la Sociedad de la Virgen (instituida
poco tiempo antes por el santo dominico Pedro Mártir) cuyos miembros hereden el
mismo título, grupo y sociedad al que debieron haber pertenecido los Siete
fundadores de la Orden
La subida a Monte Senario, a
dieciocho kilómetros de la ciudad, tubo lugar a finales de 1245 o inicios del
siguiente año del grupo, para establecer allí una comunidad eremítica, viviendo
en cuevas y algunas precarias
construcciones. Será éste un tiempo de maduración espiritual: donde adopten la
Regla de San Agustín con aprobación del obispo de Aringo de Florencia, donde
reciben la renovación de protección del pontífice Alejandro IV, el Acta de
pobreza donde se inscriben todos los nombres de la comunidad; todos estos
documentos hasta 1256 sitúan la vida comunitaria en el Senario.
La comunidad en estos primeros
años está formada por veinte frailes que tienen como prior a fray Figliolo
(Bonfilio) y cuentan ya con varios sacerdotes entre ellos, a los que se le da
potestad pontificia para acogida de los laicos, absorbiendo de la excomunión a
los que apoyaban al emperador Federico II.
Este privilegio pontificio muestra la importancia o fuerza con la que
cuenta ya el grupo originario de los Siervos, quizás por pertenecer algunos de
los “fundadores” a las familias de mercaderes que destacaban por su apoyo al
solio pontificio y a la guía espiritual de San Pedro Mártir enviado por el Papa
como inquisidor a esa zona y que tal como recoge la Leyenda de Origen mostró su
apoyo al grupo al que dotó de Regla y hábito, dos cuestiones esenciales para
constituirse legalmente como grupo religioso católico.
Al grupo establecido en Monte
Senario se fueron agregando nuevos miembros que optaban por esa nueva
experiencia de vida religiosa y seglares que se sentían atraídos por su
espiritualidad y otros a los que se les había levantado la excomunión. Situación que va a permitir hacia 1250 la
aparición de dos nuevas comunidades: una en la zona de Cafaggio -
establecimiento diferente al que luego será la Annunziata- y otra en la
población de Borgo Sansepolcro. En el período de los veinte siguientes años las
comunidades de la Orden de los Siervos de María se extenderán por Alemania.
Monte Senario es el lugar, el
espacio donde el grupo inicial encuentra su camino espiritual, fortalece o
determina la idea de crear una vida comunitaria centrada en la figura de María,
Domina nostra, a la que se toma no sólo como “aglutinadora” del grupo sino como
verdadera fundadora del mismo. Si la hagiografía posterior ha fijado el día de
la Asunción en Monte Senario como momento de aparición y entrega del
escapulario (hábito), puede encontrarse reflejo de ello en la constitución
formal de la nueva comunidad religiosa bajo la regla de san Agustín y un
hábito, al que tiempo poco más tarde se justifica su color en “recuerdo de la
viudez de Nuestra Señora”.
De aquellos primeros momentos en
Monte Senario quedan algunas huellas, casi de pura arqueología. Del pequeño
habitáculo, del que nos habla la Leyenda de Origen, construido por los siete
Padres no queda vestigio alguno, quizás por la precariedad de sus materiales.
Éste, era un espacio común donde en alguna ocasión se reunían los ermitaños,
propio de estas comunidades nacidas en oriente; los hermanos vivían en soledad,
cada uno en su cueva o cabaña, acudiendo en algunos momentos a una casita –
denominada domucula-. Los restos más
antiguos en el actual convento de Monte Senario se remontan a una construcción
de los primeros años del siglo XIII, donde se localiza la tradición de la aparición
de la Virgen a los Siete. La portada añadida a este espacio es algo posterior y
abierta en orientación diferente a la original.
Otros
espacios, cercanos al convento, serán las cuevas donde vivieron estos primeros
ermitaños y en las que vivió san Alejo, unos de los Santos Fundadores, que
murió centenario en 1310. También la que habitaría San Felipe Benicio años más
tarde, precedida por un templo de piedra construido en el 1629, donde
los peregrinos extraen agua para estar protegidos por el santo.
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